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Mario Vargas Llosa entre las líneas de Vilela
 
 

Sergio Vilela es periodista, escritor y gran seguidor del autor Mario Vargas Llosa. Su admiración lo llevó, en el 2003, a escribir El cadete Vargas Llosa, un libro en el que ahondó en la vida del Premio Nobel, en una de sus etapas más desconocidas durante su formación en el Colegio Militar Leoncio Prado. Este libro es una crónica que este año ha sido reedita y presentada el último miércoles en el Centro de Arte de Madrid, España. En esta entrevista, Vilela nos revela su pasión por los libros del escritor peruano y algunas historias desconocidas del Vargas Llosa plasmado en La ciudad y los perros .

¿En qué profesión nunca te hallarías?
Maquillador de muertos, cachascanista, domador de leones, preparador físico. Tampoco me veo reparando puentes, colgado a doscientos metros de altura. Menos limpiando vidrios en rascacielos, las manos me sudan de solo escribirlo.

¿Cuál fue el mejor libro que leíste?
Lanzo un puñado, como se me aparecen: La insoportable levedad del ser de Milan Kundera; Lolita, Vladimir Nabokov; El Aleph, Jorge Luis Borges; El libro de los abrazos, Eduardo Galeano; Carta al padre, Kafka.

Cuando era niño siempre quise:
Quise ser pianista. Lo intente durante cinco años, hasta que me rendí. También fui de los que querían ser como la perra rusa Laika: un astronauta. El día que metí un gol de oro en un campeonato escolar, se me ocurrió la tremebunda idiotez de creer que había llegado el día de probar suerte en club de fútbol de verdad. Lo bueno de todo es que en los campeonatos que siguieron con equipos de verdad, perdimos todos los partidos y no volví a anotar ningún gol de oro ni siquiera de cartón.

¿Qué noticia te ha impactado recientemente?
Que haya desaparecido Plutón. Cómo puede evaporarse de pronto un planeta del Sistema Solar. Aunque en realidad no haya desaparecido, bajó a segunda división. Y es que fue declarado oficialmente un planeta enano, ínfimo, insuficiente para considerarlo uno digno de mencionarse al lado de los ocho que quedaban. Esto es cierto, ojo.

¿Qué es lo que no puedes dejar de hacer antes de morir?
Dar la vuelta al mundo en un solo viaje, largo y sin boleto de regreso, para tener el gusto de poner pausa en cualquier pueblo, olor, instante, sabor, horizonte, y quedarme ahí hasta empacharme.

¿Cuál es tu libro favorito de Mario Vargas Llosa?
La guerra del fin del mundo .

Lo que más te sorprendió del libro La ciudad y los perros fue:
Que tuviera tanto de realidad y que a la vez fuera un gran cuento que mejoró esa realidad imperfecta que había vivido el autor. Que la complejidad psicológica de los personajes cupiera en niños de 13 y 14 años. Cuando vi por primera vez a los cadetes de carne y hueso de ese colegio, se me hacía imposible cree que así como esos niños podrían haber sido el Jaguar y el Esclavo. Se los veía inofensivos y en la novela los cadetes están cargados de esas sombras atormentadas de los adultos.

¿Tres razones que te motivaron a escribir El cadete Vargas Llosa?
Dos razones. Uno: curiosidad por entender cómo funcionaba ese mundo distinto al mío. En una Lima de los años cincuenta, que era recordada por el imaginario colectivo como una época dorada por lo jóvenes de entonces. Dos: cómo Vargas Llosa había hecho para ser Vargas Llosa. Cuáles eran los pasos que había dado alguien que siendo de mi contexto cultural, y que era uno de los grandes creadores del siglo, había llegado tan lejos. Quería entender el secreto y el método inclasificable que él tenía para crear y para lograr que lo dejen hacerlo.

¿Algo de Mario Vargas Llosa que sepas y nadie más conozca?
Su única experiencia con el mundo de la imagen, antes de dirigir su única película de cine (que ha quitado de su CV para siempre), fue como fotógrafo de una corrida de toros. Se velaron todas las que tomó. Solo se pudo salvar una foto en la que aparecía un torero con nitidez, pero tomando agua. Cuando lo he oído contarlo, se ha atorado de las carcajadas.

Escribir sobre Mario Vargas Llosa fue para ti:
El descubrimiento de cómo alguien encuentra su vocación literaria, y a su vez, como por ósmosis, porque no veo de qué otro modo sucedió, una oportunidad para darme cuenta que disfrutaba mucho contando cómo habían ocurrido las cosas. Y que eso era lo que hacía un narrador y un chismoso y un testigo y un historiador. Entre esas conjunciones me fui hallando. Por eso, creo, este libro ha sido el bautizo que, sin querer, el cadete Vargas Llosa, me ha propinado. Y aunque ha sido largo, se lo agradezco, por cierto.

*Desde este jueves, El cadete Vargas Llosa estará a la venta en todas las librerías y supermercados del país

 
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